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El juego de tronos a la peruana: episodios y salidas a la ‘crisis’ política

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Publicado por DHSF

Soc. José Antonio Lapa Romero – Área de incidencia de DHSF

En el Perú en las últimas semanas hemos vivido un episodio más del juego de tronos político a la peruana: intentos frustrados de vacancia presidencial, negociación pragmática del indulto (ahora suelto en plaza impunemente), deslegitimación acelerada del gobierno, deslegitimación y fragmentación de organizaciones políticas en el Congreso y el, aún suave, rugido de las calles que comienzan a moverse tras el indulto. Lo cierto es que la crisis institucional del sistema de representación que vivimos va más allá de la “crisis” de gobierno, en realidad muestra una doble crisis de la política, que ya viene de décadas, y que permanentemente ha mostrado su sucio rostro, pero con el cual nos hemos habituado a convivir sin darle una salida: la crisis de la “clase política” y sus prácticas (de asalto al poder, corrupción, clientelismo, patrimonialismo, caudillismo, paternalismo, dadivas, la política como negocio, defensa y promoción de intereses privados, etc.), y la crisis de la democracia representativa (reducida a elecciones periódicas que reproducen el poder económico y manipulación pragmática de la ciudadanía que hasta ahora ha sido relativamente eficaz, etc.). Para bien, en medio de tantos problemas en el Perú, se ha abierto un escenario de posibilidad de rehacer la política peruana y la democracia realmente casi inexistente, pero también de que la crisis sea capturada por la “clase política” y reproducir las estructuras oxidadas/corroídas de la política peruana. Los dados están tirados sobre la mesa y la configuración y correlación de fuerzas –hasta ahora a favor del capital y de reproducción de la “clase política”- influenciarán y determinarán las salidas.

I. EL CAPITALISMO Y LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA

En las últimos décadas el gobierno autoritario y los 4 gobiernos “democráticos” (Toledo, Garcia, Ollanta y PPK) han tenido como elemento fundamental la estructuración, profundización y legitimación del capitalismo peruano primario exportador desregulado (hijo de los privilegios tributarios, fiscales, dados por el Estado), que se reproduce articulando a un pequeño sector de empleados y obreros, y excluyendo a millones de peruanos y peruanas ambulantes, cachueleros, mototaxistas, agricultores, campesinos, jornaleros, y otros, que tienen que ganarse el pan nuestro de cada día. Capitalismo que ha constituido un Estado capitalista, dado que las estructuras del Estado y sus intereses van en dirección del capital, soportado sobre la correlación de fuerzas conformado por los medios de comunicación concentrados, partidos políticos, el poder de los gremios empresariales y el sentido común extendido donde predominan los intereses individuales por encima de los colectivos, y en escenarios de explotación de recursos naturales traducido como “todos tienen precio”, lo que disuelve las estructuras sociales.

Esta estructuración de poder económico y político capitalista, y su reproducción ha vivido y convivido con un sistema político y democracia representativa como elementos políticos centrales, que ha permitido legitimar los intereses de la clase empresarial en el campo político a través del mecanismo de elección –no sin momentos de tensión electoral-, volviéndose ese mecanismo funcional a los intereses de la clase empresarial no sin la búsqueda permanente de convencer a la mayoría que es por el bien de todos y que todos ganamos, aunque para la mayoría, el chorreo y el goteo del capitalismo sea una ilusión o un anhelo todavía. Lo cierto es que esa mayoría ha visto reproducirse una clase política casi eterna (con muy poca variación en sus rostros) con las estructuras del Estado, alineada a los intereses del empresariado y a sus propios intereses, conviviendo y siendo parte de la corrupción, el patrimonialismo, la repartija, etc. y donde la política se ha mostrado como anti política y el manejo del Estado ha sido asaltada por los intereses privados, es decir, el asalto del Estado desde el poder. Y en ese escenario la mayoría distante de la política, porque ellos “no nos dan de comer”. Entonces, el poder económico se ha estructurado sobre la enajenación de la ciudadanía de la política, mercantilización de la política y la desestructuración de la sociedad civil.

II. LA CLASE POLÍTICA Y LA MUERTE DE LA POLÍTICA

En los escenarios de juego de tronos electorales, la clase política y las organizaciones políticas predominantes (Fuerza Popular, Perú Posible, APRA, Partido Nacionalista, Partido Popular Cristiano, Acción popular, y otros) han legitimado la profundización y reproducción del capitalismo excluyente peruano (con casi inexistentes menciones honrosas). Es decir, hasta ahora hemos vivido una doble captura: 1) la captura de la democracia por la clase capitalista dominante; 2) la captura de la democracia capitalista por la “clase política”. En efecto, la primera captura y alineamiento ha permitido reproducir los intereses económicos del empresariado y el consenso económico en el campo político sin mayor disputa política y en la que los medios de comunicación han jugado un papel central en la reproducción del sentido común, la correlación de fuerzas y la hegemonía del capital, indudablemente mediado por el financiamiento de campañas de presidentes y congresistas; mientras que la segunda captura ha permitido reproducirse a la “clase política” y las prácticas políticas que las atraviesan y que directa o indirectamente han legitimado, la corrupción, el clientelismo, el uso privado del aparato del Estado. Entonces, el sistema político, la democracia captura y la clase política ha vivido, convivido y legitimado una forma de hacer política en el Perú que se viene mostrando en su más profunda expresión y al mismo tiempo su más profundo agotamiento. Porque convivir con frases como “no importa que roben pero que hagan obras”, “que las autoridades invierten y tienen que recuperar”, “autoridades del gobierno negociando intereses privados”, una vez más nos muestra que lo que predominan es la política como asalto a las arcas del Estado, y legitimar esa forma de política solo reproduce la convivencia de las practicas más excelsas de la anti política peruana (y claro con las cuales la “clase política” no ha tenido mayor reparo en reproducir). La política, como se ha transformado, es la política de negocio o la política es un negocio, estamos en otra dimensión perversa y enfermiza de la política en la sociedad peruana y requerimos cambiarla urgentemente.

III. LAS SALIDAS ANTE LA CRISIS DE LA POLÍTICA

La vacancia presidencial de PPK abrió tres escenarios: la salida institucional (vacancia), la salida negociada (no vacancia por favores políticos) y la salida capturada (la clase política en el poder realice la transición pos vacancia para que no cambie nadie indudablemente). Lo cierto que en la práctica terminó predominando la salida negociada desde el gobierno para mantenerse en el poder (decisión pragmática de indulto), dicha decisión nos ha mostrado una vez más el rostro de la política y el predominio de las prácticas de la anti política en el sistema político peruano: de asalto al poder, corrupción, clientelismo, paternalismo, dadivas, defensa y promoción de intereses privados, etc. Pero al mismo tiempo ha abierto un escenario que nos ha mostrado que las salidas capturadas por la clase política actual reproducen el poder dominante tanto en el campo político como en el campo económico, y para dicha clase política salvo el poder y sus intereses privados todo es ilusión. Así, configurado el escenario, lo positivo es que el indulto ha abierto las puertas de las calles que comienzan a moverse, pero que tiene que transcender el indulto para ubicarse en la reconstitución de la política si es que queremos romper esa doble captura.

Entonces las salidas ante la crisis, pos coyuntura de vacancia, se configura en tres direcciones: la salida pactada, la salida autoritaria y la salida popular. Las dos primeras salidas son salidas conservadoras que se mueven dentro del marco institucional que requiere ser cambiado pero que a los intereses económicos empresariales y la clase política les encanta y claman urgente más mano dura; mientras que la salida popular democrática implica generar un cambio del sistema político y la clase política que la sostiene y reproduce, allí es la dirección que las calles deberían dirigirse.

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